lunes, 2 de julio de 2007

El Papa pide a laicos ser valientes ejemplos de fe en todos los ámbitos de la vida pública

VATICANO, 30 Jun. 07 (ACI ).
-Esta mañana el Papa Benedicto XVI recibió a los obispos de la Conferencia Episcopal de Puerto Rico y en su discurso los alentó a la unión para dar testimonio y alentar a los laicos a ordenar las realidades temporales según la voluntad de Dios."Los fieles católicos, que están llamados a ocuparse de las realidades temporales para ordenarlas según la voluntad divina, han de ser testigos valientes de su fe en los diferentes ámbitos de la vida pública", dijo el Santo Padre a los obispos que se encuentran en Roma con ocasión de su visita "Ad Limina Apostolorum".El Papa los invitó a permanecer "unidos para hacer más palpable la presencia del Señor entre los hombres a través de iniciativas pastorales conjuntas y que respondan mejor a las nuevas realidades" frente a los cambios "en el ámbito social, económico y también religioso" que han dado lugar "a la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la práctica cristiana y que, indirectamente, afecta también a las estructuras de la misma sociedad"."En la propia diócesis estáis llamados a vivir y dar testimonio de la unidad querida por Cristo para su Iglesia. Por otra parte, las eventuales diferencias de costumbres y tradiciones locales, lejos de amenazar esta unidad, contribuyen a enriquecerla desde la fe común", agregó el Pontífice.El Santo Padre destacó también la importancia de la formación de los sacerdotes, pues estos "están en la primera línea de la evangelización y necesitan de manera especial vuestro cuidado y cercanía personal" en una relación que "no ha de ser sólo institucional, sino que, como verdaderos hijos, amigos y hermanos vuestros, debe estar animada sobre todo por la caridad".Asimismo recordó que los sacerdotes "deben recordar que, ante todo, son hombres de Dios y, por eso, han de cuidar su vida espiritual y su formación permanente. Toda su labor ministerial 'debe comenzar efectivamente con la oración', como dice san Alberto Magno"."Respecto a la formación de los candidatos al sacerdocio, el Obispo ha de poner suma atención en elegir a los educadores más idóneos y mejor preparados para esta misión" agregó el Papa.También citó los problemas del "laicismo que lleva gradualmente al desprecio o a la ignorancia de lo sacro, relegando la fe a la esfera de lo meramente privado", y de "la familia, que se ve asediada por tantas insidias del mundo moderno, como son el materialismo imperante, la búsqueda del placer inmediato, la falta de estabilidad y de fidelidad en la pareja, influenciada continuamente por los medios de comunicación".Finalmente, el Pontífice acentuó la importancia de la formación en la fe, en particular en la juventud que "desde el inicio de su proceso formative" debe "ser educada en la fe y en las sanas costumbres. Por eso la educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela. Una sólida formación religiosa será, pues, una protección eficaz ante el avance de las sectas o de otros grupos religiosos de amplia difusión actual".

miércoles, 13 de junio de 2007

Responder al relativismo con una sólida formación

VATICANO, 11 Jun. 07 (ACI).
-Al inaugurar el lunes por la noche en la Basílica de san Juan de Letrán el Congreso de la Diócesis de Roma titulado "Jesús es el Señor. Educar en la fe, el discipulado y el testimonio", el Papa Benedicto XVI urgió a responder al creciente relativismo con una sólida formación en la fe y los valores.
El Pontífice fue recibido por el Vicario para la Ciudad de Roma, el Cardenal Camillo Ruini, quien preside el Congreso que se llevará a cabo hasta el 14 de junio.
Durante su vibrante discurso, el Pontífice denunció la existencia de una "emergencia educativa" que se ha hecho "inevitable en una sociedad y una cultura que hacen del relativismo su propio credo".
El Pontífice advirtió que "la sana laicidad de la escuela, como de las demás instituciones del estado, no implica una cerrazón a la trascendencia ni una falsa neutralidad respecto de aquellos valores morales que se encuentran en la base de una autentica formación de la persona".
"Cada obra educativa parece ser cada vez más ardua y precaria", porque cada vez crece la dificultad para transmitir a los jóvenes "los valores-base de la existencia y de un recto comportamiento", agregó el Santo Padre, al señalar que esta dificultad debe involucrar "a la escuela, la familia y cualquier otro organismo que se plantee fines educativos".
El Papa señaló por ello que "la emergencia educativa es inevitable", porque "en una sociedad y una cultura que demasiado frecuentemente hacen del relativismo el propio credo termina faltando la luz de la verdad y se termina por dudar de la bondad de la vida y de la validez de la relaciones y los compromisos que la constituyen".
De esa forma, advirtió el Pontífice, "el relativismo se convierte en un dogma", que hace imposible "transmitir de generación en generación algo válido"; y así la educación "tiende a reducirse a la transmisión de determinadas habilidades, o capacidades de hacer, mientras se busca apagar el deseo de felicidad de las nuevas generaciones, colmándolas de objetos de consumo y de gratificaciones efímeras".
Ante ello, denunció el Santo Padre, padres y profesores "se sienten tentados de abdicar a sus propias tareas educativas y de no comprender siquiera cuál es su propio papel o la misión confiada a ellos".
Benedicto XVI observó que, tanto de parte de los "padres preocupados y frecuentemente angustiados por el futuro de sus hijos", como de parte de los profesores y la sociedad en su conjunto "crece la exigencia de una educación autentica y el redescubrimiento de educadores que sean verdaderamente tales".
Y por esto, añadió el Santo Padre, la Iglesia, educando en la fe y los valores, hace una contribución "para sacar a la sociedad en la que vivimos de la crisis educativa que la aflige, poniendo un freno a la desconfianza y a aquel extraño odio de sí que parece haberse convertido en una característica de nuestra civilización".
Los medios de comunicación y la educación
El Papa advirtió además que los grandes medios de comunicación "se inspiran en una mentalidad y cultura caracterizadas por el relativismo, el consumismo y una falsa y destructiva exaltación, o mejor profanación, del cuerpo y de la sexualidad".
De esta manera, los mensajes "emitidos por los grandes medios de comunicación", siguió el Pontífice, "influyen en la educación y la formación de la persona, hoy más que en el pasado".
Come creyentes, observó hacia el final de su discurso, "no podemos desinteresarnos de la compleja orientación de la sociedad a la que pertenecemos, de las tendencias que la animan y de los influjos positivos o negativos que ella ejerce sobre la formación de las nuevas generaciones".
Finalmente, respecto de los jóvenes, el Santo Padre subrayó la importancia del compromiso "educativo y cultural de la comunidad de creyentes como un servicio inestimable hacia el bien común y especialmente hacia los muchachos y jóvenes que se están formando y preparando para la vida".

domingo, 10 de junio de 2007

Benedicto XVI hace un llamado a la liberación de cuantos se encuentran secuestrados

VATICANO, 10 Jun. 07 / 05:47 am (ACI).-
Terminado el rezo del Ángelus Dominical, el Papa Benedicto XVI hizo un llamado a cuantos tienen en su poder personas secuestradas para que restituyan a sus seres queridos aquellos a quienes tienen prisioneros.
“Hago un doloroso llamado a los autores de tales actos execrables para que tomen conciencia del mal realizado y restituyan al afecto de sus seres queridos a cuantos tienen prisioneros”, dijo el Papa al referirse a los secuestros de personas.
El Pontífice afirmó que “lamentablemente le llegan con frecuencia pedidos de oración por personas que se encuentran secuestradas, también sacerdotes católicos, por diversos motivos y en varias partes del mundo”.
“Llevo a todos en el corazón y a todos los tengo presentes en mis oraciones –continuó el Papa-, y pienso, entre otros casos, a aquel doloroso secuestro en Colombia”.
También encomendó a las víctimas a “a la maternal protección de María Santísima, Madre de todos los hombres”.

jueves, 31 de mayo de 2007

La no violencia, regla de vida del cristiano

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 30 mayo 2007 (ZENIT.org).-
Benedicto XVI propuso este miércoles la «no violencia» como regla de vida para el cristiano, manifestación del triunfo del Espíritu.Llegó a esta conclusión en la audiencia general en la que presentó la figura de Tertuliano, literato, filósofo, teólogo y apologista, nacido en Cartago, actual Túnez, a mediados del siglo II.En su meditación, ofrecida a 32 mil peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, el Papa hizo actual el pensamiento del primer literato cristiano de la historia en latín, que se había convertido a causa del testimonio de los mártires de las persecuciones romanas.Su obra, recordó el Papa, «explica y defiende las enseñanzas y las costumbres de los cristianos; presenta las diferencias entre la nueva religión y las principales corrientes filosóficas de la época; manifiesta el triunfo del Espíritu, que opone a la violencia de los perseguidores la sangre, el sufrimiento y la paciencia de los mártires».«Por más que sea refinada, vuestra crueldad no sirve de nada: es más, para nuestra comunidad constituye una invitación», escribía el autor africano. «Después de cada uno de vuestros golpes de hacha, nos hacemos más numerosos: ¡la sangre de los cristianos es semilla eficaz!», añadía con una frase que pasaría a la historia. «Al final --constató el Papa--, vencen el martirio y el sufrimiento y son más eficaces que la crueldad y la violencia de los regímenes totalitarios».«El cristiano no puede odiar ni siquiera a sus propios enemigos», decía Tertuliano. Con esta frase, el Obispo de Roma volvió a presentar la «consecuencia moral ineludible de la opción de fe que propone la «no violencia» como regla de vida»«Y no es posible dejar de ver la dramática actualidad de esta enseñanza, a la luz del encendido debate sobre las religiones», añadió el pontífice.El Santo Padre recordó que, a causa de su rigorismo, Tertuliano se fue separando paulatinamente de la comunión de la Iglesia hasta pasar a formar parte de la secta del montanismo. Pretendía de los cristianos «en toda circunstancia, y sobre todo en las persecuciones, un comportamiento heroico». «Rígido en sus posiciones, no ahorraba duras críticas y acabó inevitablemente aislándose». «Esta gran personalidad moral e intelectual, este hombre que ha dado una contribución tan grande al pensamiento cristiano, me hace reflexionar mucho», confesó el Papa. «Se ve que al final le falta la sencillez, la humildad para integrarse en la Iglesia, para aceptar sus debilidades, para ser tolerante con los demás y consigo mismo», reconoció.«La característica esencial de un gran teólogo es la humildad para estar con la Iglesia, para aceptar sus propias debilidades, pues sólo Dios es totalmente santo. Nosotros, sin embargo, siempre tenemos necesidad de perdón», concluyó.Con esta meditación, Benedicto XVI continuó con la serie de intervenciones sobre las grandes personalidades de la Iglesia antigua, que había interrumpido a causa de su viaje apostólico en Brasil.

miércoles, 30 de mayo de 2007

De la Carta de Benedicto XVI: Los tres desafíos del mundo globalizado

...El primer desafío atañe al medio ambiente y a un desarrollo sostenible. La comunidad internacional reconoce que los recursos del mundo son limitados y que todo pueblo tiene el deber de poner en práctica políticas encaminadas a la protección del medio ambiente, con el fin de prevenir la destrucción del patrimonio natural cuyos frutos son necesarios para el bienestar de la humanidad.....
...segundo desafío, que implica nuestro concepto de persona humana y, en consecuencia, nuestras relaciones recíprocas. Si a los seres humanos no se les ve como personas, varones y mujeres, creados a imagen de Dios (cf. Gn 1, 26), dotados de una dignidad inviolable, será muy difícil lograr una plena justicia en el mundo. A pesar del reconocimiento de los derechos de la persona en declaraciones internacionales y en instrumentos legales, es necesario progresar mucho para que ese reconocimiento tenga consecuencias sobre los problemas globales, como los siguientes: la brecha cada vez mayor entre países ricos y países pobres; la desigual distribución y asignación de los recursos naturales y de la riqueza producida por la actividad humana; la tragedia del hambre, de la sed y de la pobreza en un planeta donde hay abundancia de alimento, de agua y de prosperidad; los sufrimientos humanos de los refugiados y de los prófugos; las continuas hostilidades en muchas partes del mundo; la falta de una protección legal suficiente para los niños por nacer; la explotación de los niños; el tráfico internacional de seres humanos, armas y drogas; y otras muchas injusticias graves....
...El tercer desafío concierne a los valores del espíritu. Urgidos por preocupaciones económicas, tendemos a olvidar que, al contrario de los bienes materiales, los bienes espirituales, que son típicos del hombre, se extienden y se multiplican cuando se comunican. A diferencia de los bienes divisibles, los bienes espirituales, como el conocimiento y la educación, son indivisibles, y cuanto más se comparten, más se poseen.
...Para afrontar estos desafíos sólo el amor al prójimo puede inspirar en nosotros la justicia al servicio de la vida y de la promoción de la dignidad humana. Sólo el amor dentro de la familia, fundada en un hombre y una mujer, creados a imagen de Dios, puede asegurar la solidaridad inter-generacional que transmite amor y justicia a las generaciones futuras. Sólo la caridad puede estimularnos a poner una vez más a la persona humana en el centro de la vida de la sociedad y en el centro de un mundo globalizado, gobernado por la justicia.

domingo, 27 de mayo de 2007

La Iglesia es una, santa, católica, apostólica… y misionera

«Habla todos los idiomas» y «sale al encuentro de todas las culturas»
CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 27 mayo 2007 (ZENIT.org).- La Iglesia es una, santa, católica, apostólica… y misionera, ha explicado Benedicto XVI en el domingo de Pentecostés.La Iglesia «habla todos los idiomas» y «sale al encuentro de todas las culturas», subrayó antes de rezar la oración mariana del «Regina Caeli», hablando desde la ventana de su estudio.En su intervención ante miles de fieles reunidos en la plaza de San Pedro, el Papa consideró que «la Iglesia tuvo su inicio solemne con la venida del Espíritu Santo». En aquel acontecimiento, cincuenta días después de la resurrección de Jesús, el Papa individuó «las características esenciales de la Iglesia»: una, santa, católica y apostólica.El obispo de Roma añadió a estas características, otra: «la Iglesia, por su misma naturaleza, es misionera, y desde el día de Pentecostés el Espíritu Santo no deja de incitarla a echarse a los caminos del mundo, hasta los últimos confines de la tierra y hasta el final de los tiempos». El sucesor del apóstol Pedo ve un símbolo del carácter misionero de la Iglesia «en la entrega del Evangelio de los judíos a los paganos, de Jerusalén a Roma». «Roma hace referencia al mundo de los paganos y, de este modo, a todos los pueblos que están fuera del antiguo pueblo de Dios», aclaró. «En efecto, los Hechos de los Apóstoles concluyen con la llegada del Evangelio a Roma». «Se puede decir entonces que Roma es el nombre concreto del carácter católico y misionero, expresa la fidelidad a los orígenes, a la Iglesia de todos los tiempos, a una Iglesia que habla todos los idiomas y que sale al encuentro de todas las culturas», aseguró.Benedicto XVI concluyó su intervención pidiendo la oración de los fieles «para que el Espíritu Santo descienda en abundancia sobre la Iglesia de nuestro tiempo, llene los corazones de todos los fieles y encienda en ellos --en nosotros-- el fuego de su amor».

sábado, 26 de mayo de 2007

Palabras de despedida de Benedicto XVI de Brasil

Lunes 14 de mayo de 2007
Señor vicepresidente
Al dejar esta tierra bendita de Brasil, se eleva en mi alma un himno de acción de gracias al Altísimo, que me permitió vivir aquí horas intensas e inolvidables, con la mirada dirigida a la Señora Aparecida que, desde su Santuario, presidió el inicio de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En mi memoria quedarán para siempre grabadas las manifestaciones de entusiasmo y de profunda piedad de este pueblo generoso de la Tierra de la Santa Cruz que, junto a la multitud de peregrinos provenientes de este Continente de la esperanza, supo dar una poderosa demostración de fe en Cristo y de amor por el Sucesor de Pedro. Pido a Dios que ayude a los responsables, sea en el ámbito religioso o en el civil a imprimir un paso decidido a aquellas iniciativas, que todos esperan, para el bien común de la gran Familia Latinoamericana. Mi saludo final, colmado de gratitud, va para el Señor Presidente de la República, para el Gobierno de esta Nación y del Estado de Sao Paulo, y para las demás autoridades brasileñas que tantas pruebas de delicadeza me quisieron dispensar en estos días. Estoy también agradecido a las autoridades consulares, cuya diligente actuación facilitó sobremanera la participación de las propias Naciones en estos días de reflexión, oración y compromiso por el bien común de los participantes en este gran evento. Un particular pensamiento de estima fraterna lo dirijo, con profundo reconocimiento, a los Señores Cardenales, a mis hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas, a los organizadores de la Conferencia. Todos aportaron para hacer brillar estas jornadas, dejando a cuántos en ellas participaron llenos de alegría y de esperanza -¡«gaudium et spes»!- en la familia cristiana y en su misión en medio a la sociedad. Tened la certeza de que os llevo a todos en mi corazón, de donde brota la Bendición que os concedo y que hago extensiva a todos los Pueblos de América Latina y del Mundo.
¡Muchas gracias!

jueves, 17 de mayo de 2007

Del Mensaje del Papa a los jóvenes en el Estadio de Pacaembu


"Mi pedido hoy, a vosotros jóvenes, que vinisteis a este encuentro, es que no desaprovechéis vuestra juventud. No intentéis huir de ella. Vividla intensamente, consagradla a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Vosotros, jóvenes, no sois apenas el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: sois el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Sois su rostro joven. La Iglesia necesita de vosotros, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin el rostro joven la Iglesia se presentaría desfigurada"