domingo, 20 de mayo de 2012
Benedicto XVI: En la Ascensión nuestra humanidad es llevada a las alturas de Dios
viernes, 18 de mayo de 2012
Una nueva generación de católicos para renovar a la Iglesia, pide Benedicto XVI
Así lo indicó en su discurso al último grupo de prelados estadounidenses que realizan su visita quinquenal ad limina. En encuentros anteriores, diversos grupos de obispos subrayaron la importancia de preservar y fomentar el don de la unidad católica, como condición para el cumplimiento de la misión de la Iglesia en Estados Unidos.
Respondiendo a esta preocupación, Benedicto XVI se refirió en su discurso a la necesidad de incorporar a la Iglesia en Estados Unidos el patrimonio de fe y cultura aportado por los inmigrantes católicos.
El Papa alabó el trabajo realizado por la Iglesia americana para responder al fenómeno de la inmigración: "a comunidad católica de los Estados Unidos continúa, con gran generosidad, dando la bienvenida a oleadas de nuevos inmigrantes, proporcionándoles cuidados pastorales y asistencia caritativa, ayudándoles a regularizar su situación, especialmente por lo que se refiere a la reunificación de las familias".
"Un signo especial de ello es el duradero compromiso de los obispos estadounidenses por la reforma de las leyes de inmigración. (…) Es una profunda preocupación para la Iglesia, ya que implica asegurar el justo tratamiento y la defensa de la dignidad humana de los inmigrantes".
La Iglesia en Estados Unidos, dijo el Papa, está llamada a "abrazar, cultivar e incorporar el rico patrimonio de fe y cultura presente en los numerosos grupos de inmigrantes, incluyendo (…) el creciente número de católicos hispanos, asiáticos y africanos".
"La tarea pastoral de fomentar una comunión de culturas dentro de las iglesias locales debe ser considerada de especial importancia en el ejercicio de vuestro ministerio al servicio de la unidad".
"Esto supone algo más que respetar la diversidad lingüística, promover tradiciones sólidas y proporcionar los muy necesarios programas y servicios sociales. Implica también un compromiso de predicación continua, catequesis y actividades pastorales que busquen inspirar en todos los fieles un sentido más profundo de su comunión en la fe apostólica y de su responsabilidad en la misión de la Iglesia".
Benedicto XVI resaltó luego que "la inmensa promesa y las vibrantes energías de una nueva generación de católicos esperan ser destapadas para renovar la vida de la Iglesia y reconstruir el tejido de la sociedad estadounidenses".
Sobre la vida religiosa, el Papa dijo que "en nuestras conversaciones, muchos de ustedes han hablado sobre su preocupación para construir relaciones más estrechas de amistad, cooperación y confianza con sus sacerdotes".
"Ahora, también, los aliento a permanecer particularmente cercanos a los hombres y mujeres en sus iglesias locales que están comprometidos a seguir a Cristo cada vez más perfectamente abrazando los consejos evangélicos".
Cuando el Vaticano ha ordenado una seria evaluación de la vida de las religiosas en Estados Unidos, el Santo Padre reafirmó su "profunda gratitud por el ejemplo de fidelidad y sacrificio personal dado por muchas mujeres consagradas en su país, y unirme en oración en este momento de discernimiento para que dé abundante fruto para la revitalización y fortalecimiento de sus comunidades en fidelidad a Cristo y la Iglesia, así como a sus carismas fundacionales".
"La urgente necesidad en nuestros días de testigos creíbles y atractivos del poder redentor y transformador del Evangelio hace esencial recuperar el sentido de la sublime dignidad y belleza de la vida consagrada, así como rezar por las vocaciones religiosas y promoverlas activamente", a la vez que se refuerzan los canales de comunicación y cooperación existentes en las diócesis.
El Papa expresó luego su esperanza de que el Año de la Fe, que comenzará en octubre, "despierte el deseo, en toda la comunidad católica de América, de reapropiarse, con alegría y gratitud, del inestimable tesoro de nuestra fe".
Para concluir Benedicto XVI dijo que "con el progresivo debilitamiento de los valores cristianos tradicionales y la amenaza de un tiempo en el que nuestra fidelidad al Evangelio pueda costarnos cara, la verdad de Cristo necesita ser no sólo comprendida, articulada y defendida, sino también ser propuesta con alegría y confianza como la clave de la auténtica realización humana y del bienestar de toda la sociedad".
viernes, 4 de mayo de 2012
Benedicto XVI: La mayor pobreza es la falta de amor
jueves, 3 de mayo de 2012
San Esteban: meditar sobre la escritura para entender el presente
miércoles, 2 de mayo de 2012
miércoles, 25 de abril de 2012
jueves, 19 de abril de 2012
Se cumplen 7 años de la elección de Benedicto XVI
Ciudad del Vaticano, 19 Abr. 12 (AICA).- El papa Benedicto XVI celebra hoy, cuatro días después de su 85 cumpleaños, el VII aniversario de su elección como el 265 sucesor de San Pedro, un pontificado que, según aseguró el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi SJ, se centró en la atención a Dios, la relación del hombre con Dios, la dimensión trascendente de la vida y la personalidad de Jesucristo. En este sentido el padre Lombardi destacó a Radio Vaticana que durante estos siete años de pontificado, el Papa “guía a la Iglesia hacia el centro de su misión”.
Fue en la tarde del 19 de abril de 2005, cuando el hasta entonces cardenal Joseph Ratzinger, con el rostro iluminado por la emoción y la responsabilidad, anunciaba al mundo que los cardenales, en el cónclave apenas concluido, lo habían elegido a la sede de Pedro… a él “un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”. “Me consuela -dijo en ese momento-, el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes”.
Ya desde el primer momento, el Papa Benedicto mostró su humildad y sencillez encomendándose a las oraciones de los fieles y a la “alegría del Señor” para seguir adelante.
La Iglesia, efectivamente, siguió hacia adelante. Un largo camino guiado por la clarividencia, la firmeza y la fe de un amable Pontífice teólogo que a pesar de la edad hizo que este camino fuera muy fructuoso.
El padre Federico Lombardi SJ, portavoz del Papa hizo un raconto de la labor de Benedicto XVI durante su pontificado a Radio Vaticana: “En estos siete años tuvimos ya veintitrés viajes internacionales a veintitrés países, y veintiséis viajes por Italia; asistimos a cuatro consistorios (se crearon 84 nuevos cardenales), y a cuatro Sínodos de los Obispos y a tres Jornadas Mundiales de la Juventud; leímos tres Encíclicas (Deus caritas est, Spe Salvi y Caritas in Veritate), y recibimos innumerables alocuciones y actos magisteriales; participamos de un Año paulino y de un Año sacerdotal; vimos al Papa afrontar con valor, humildad y determinación –es decir con límpido espíritu evangélico– situaciones difíciles, como la crisis que siguió a los abusos sexuales. Leímos –hecho nuevo y original– su obra sobre Jesús de Nazaret y su libro-entrevista “Luz del mundo”.
“Se trata –afirmó el padre Lombardi-, por lo tanto de un Pontificado rico e intenso con tantos hechos importantes, con tantos frutos recogidos...
“Sobre todo, aprendimos de la coherencia y constancia de su enseñanza, que la prioridad de su servicio a la Iglesia y a la humanidad es orientar la vida hacia Dios, el Dios que nos dio a conocer Jesucristo; que la fe y la razón se ayudan recíprocamente en el buscar la verdad y responder a las expectativas y a las preguntas de cada uno de nosotros y de la humanidad en su conjunto; y que el olvido de Dios y el relativismo son riesgos gravísimos de nuestro tiempo. Por todo esto nos sentimos inmensamente agradecidos”.
Y enfatizó el director de la oficina de prensa vaticana: “El pontificado de Benedicto XVI, se ha centrado sobre la esencial misión de la Iglesia. Es decir, la prioridad de la atención a Dios, la relación del hombre con Dios, la dimensión trascendente de la vida, y la persona de Jesucristo como revelador del verdadero Rostro de Dios”.
miércoles, 18 de abril de 2012
Benedicto XVI: La Iglesia no debe temer a las persecuciones
Ciudad del Vaticano, 18 Abr. 12 (AICA).- La Iglesia no debe temer a las persecuciones que en su historia se ve obligada a soportar, sino, como Jesús en Getsemaní, debe confiar siempre en la presencia, en la ayuda y en la fuerza de Dios, invocada en la oración”, expresó el Santo Padre Benedicto XVI al retomar hoy la catequesis sobre la oración.
El Papa dedicó la audiencia general de los miércoles, celebrada en la Plaza de San Pedro ante una multitud de fieles provenientes de todo el mundo, a la que fue denominada como “Pequeña Pentecostés”, ocurrida en un momento difícil para la Iglesia naciente. “Los Hechos de los Apóstoles –dijo el Papa-, narran que Pedro y Juan acababan de salir de la cárcel, después de haber sido apresados por predicar el evangelio, y se encuentran con la comunidad reunida. Ésta, al escuchar lo ocurrido, no busca cómo reaccionar o defenderse ni qué medidas adoptar; sencillamente, ante la prueba, empieza a rezar pidiendo la ayuda de Dios que escuchará la plegaria enviando al Espíritu Santo.
“Es una oración unánime y concorde de toda la comunidad, explicó el obispo de Roma, que se enfrenta a una situación de persecución a causa de Jesús porque lo que viven los dos apóstoles no les afecta solamente a ellos, sino a toda la Iglesia. Ante las persecuciones padecidas por causa de Jesús, la comunidad ni se asusta ni se divide, sino que está profundamente unida en la oración”.
Cuando los creyentes se ven sometidos a la prueba a causa de su fe, “la unidad, en lugar de estar comprometida, se refuerza, ya que está sostenida por una oración incansable. La Iglesia no debe temer las persecuciones que en su historia se ve obligada a soportar, sino, como Jesús en Getsemaní, debe confiar siempre en la presencia, en la ayuda y en la fuerza de Dios, invocada en la oración”.
Ahora bien, antes de comprender a fondo lo que sucedió, la primera comunidad intenta leer los acontecimientos a través de la fe y lo hace mediante la Palabra de Dios. San Lucas narra en los Hechos de los Apóstoles que la comunidad de Jerusalén comenzó por recordar e invocar la grandeza y la inmensidad de Dios y después, a través de los salmos, pasó a reconocer cómo Dios había actuado en la historia estando cerca de su pueblo, “demostrando -dijo Benedicto XVI- que era un Dios que se interesaba por los seres humanos que no los abandonaba”.
A continuación, los sucesos se leen “a la luz de Cristo, que es también la clave para entender la persecución. La oposición hacia Jesús, su pasión y su muerte se releen como actuación del proyecto de Dios Padre para la salvación del mundo. En la oración, la meditación sobre las Sagradas Escrituras a la luz del misterio de Cristo ayuda a leer la realidad presente en el ámbito de la historia de la salvación que Dios cumple en el mundo”.
De ahí que la petición que la primera comunidad cristiana de Jerusalén formula a Dios en la oración “no es la de ser defendida, ni la de salvarse de la prueba ni de tener éxito, sino la de proclamar con franqueza, con libertad, con coraje, la Palabra de Dios”. Y los primeros cristianos añaden que ese anuncio “esté acompañado de la mano de Dios, para que haya curaciones, señales y prodigios; es decir, que sea una fuerza que transforme la realidad, que cambie el corazón, la mente y la vida de hombres y que aporte la novedad radical del Evangelio”
“También nosotros -finalizó el Santo Padre- debemos llevar los acontecimientos de nuestra vida cotidiana a nuestra oración, para buscar su significado más profundo. Y como la primera comunidad cristiana, también nosotros, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios, a través de la meditación de la Sagrada Escritura, podemos aprender a ver que Dios está presente en nuestras vidas, incluso en tiempos difíciles, y que todo forma parte de un diseño superior de amor en el que la victoria final sobre el mal, sobre el pecado y la muerte, es realmente la del bien, la de la gracia, la de la vida, la de Dios”.

