LOURDES, 15 Sep. 08 (ACI).-En el discurso que dirigió a los obispos franceses durante su visita a Lourdes, el Papa Benedicto XVI reiteró que la Iglesia debe defender el matrimonio y la familia ante "verdaderas borrascas" y leyes que relativizan su naturaleza. El Santo Padre se refirió a "la situación de la familia" y recordó que "el matrimonio y la familia se enfrentan ahora a verdaderas borrascas. Desde hace algunas décadas, las leyes han relativizado en diferentes países su naturaleza de célula primordial de la sociedad. A menudo, las leyes buscan acomodarse más a las costumbres y a las reivindicaciones de personas o de grupos particulares que a promover el bien común de la sociedad"."La unión estable entre un hombre y una mujer, ordenada a construir una felicidad terrenal, con el nacimiento de los hijos dados por Dios, ya no es, en la mente de algunos, el modelo al que se refiere el compromiso conyugal", indicó. Sin embargo, precisó, "la experiencia enseña que la familia es el pedestal sobre el que descansa toda la sociedad. Además, el cristiano sabe que la familia es también la célula viva de la Iglesia. Cuanto más impregnada esté la familia del espíritu y de los valores del Evangelio, tanto más la Iglesia misma se enriquecerá y responderá mejor a su vocación".El Santo Padre también abordó la "cuestión particularmente dolorosa: la de los divorciados y vueltos a casar" y subrayó que " la Iglesia , que no puede oponerse a la voluntad de Cristo, mantiene con firmeza el principio de la indisolubilidad del matrimonio, rodeando siempre del mayor afecto a quienes, por los más variados motivos, no llegan a respetarla. No se pueden aceptar, pues, las iniciativas que tienden a bendecir las uniones ilegítimas".
martes, 16 de septiembre de 2008
La búsqueda de Dios, fundamento de toda cultura
PARÍS, sábado, 13 septiembre 2008 (ZENIT.org).- La búsqueda de Dios es el fundamento de toda cultura, afirmó Benedicto XVI en su esperado discurso al mundo de la cultura francés y europeo.
El pontífice inauguró el viernes en la tarde el restaurado Colegio de los Bernardinos, nuevo espacio de encuentro entre fe y cultura en la capital parisina, con una intervención en la que mostró cómo el cristianismo, y más en concreto el monaquismo, ha forjado los fundamentos de la cultura europea.
Como el mismo Papa afirmó al concluir su disertación, la situación actual, es bastante análoga a la del Imperio Romano en el que evangelizó san Pablo, el apóstol de las gentes.
"Nuestras ciudades ya no están llenas de altares e imágenes de múltiples divinidades. Para muchos, Dios se ha convertido realmente en el gran Desconocido", reconoció el pontífice en un discurso que había preparado con esmero originalmente en alemán.
"Pero como entonces tras las numerosas imágenes de los dioses estaba escondida y presente la pregunta acerca del Dios desconocido, también hoy la actual ausencia de Dios está tácitamente inquieta por la pregunta sobre Él", afirmó.
"Buscar a Dios y dejarse encontrar por Él: esto hoy no es menos necesario que en tiempos pasados", constató ante un auditorio de unos setecientos exponentes del pensamiento, la ciencia y las artes de este país, así como representantes de la UNESCO y de la Unión Europea.
Según el Papa, "una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves".
"Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura", concluyó.
Giovanni Maria Vian, director de "L'Osservatore Romano", explica que Benedicto XVI, al presentar esta alianza entre razón y fe, particularmente en la comprensión de las Sagradas Escrituras, supera las "interpretaciones de carácter fundamentalista", así como "los subjetivismos arbitrarios".
Por su parte, el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, considera que "la contribución nueva de este gran discurso está en el análisis del papel de la búsqueda de Dios en la formación de la gran cultura unificadora de nuestro continente en los siglos de la Edad Media".
Puede leerse el discurso de Benedicto XVI al mundo de la cultura en http://www.zenit.org/article-28410?l=spanish
El pontífice inauguró el viernes en la tarde el restaurado Colegio de los Bernardinos, nuevo espacio de encuentro entre fe y cultura en la capital parisina, con una intervención en la que mostró cómo el cristianismo, y más en concreto el monaquismo, ha forjado los fundamentos de la cultura europea.
Como el mismo Papa afirmó al concluir su disertación, la situación actual, es bastante análoga a la del Imperio Romano en el que evangelizó san Pablo, el apóstol de las gentes.
"Nuestras ciudades ya no están llenas de altares e imágenes de múltiples divinidades. Para muchos, Dios se ha convertido realmente en el gran Desconocido", reconoció el pontífice en un discurso que había preparado con esmero originalmente en alemán.
"Pero como entonces tras las numerosas imágenes de los dioses estaba escondida y presente la pregunta acerca del Dios desconocido, también hoy la actual ausencia de Dios está tácitamente inquieta por la pregunta sobre Él", afirmó.
"Buscar a Dios y dejarse encontrar por Él: esto hoy no es menos necesario que en tiempos pasados", constató ante un auditorio de unos setecientos exponentes del pensamiento, la ciencia y las artes de este país, así como representantes de la UNESCO y de la Unión Europea.
Según el Papa, "una cultura meramente positivista que circunscribiera al campo subjetivo como no científica la pregunta sobre Dios, sería la capitulación de la razón, la renuncia a sus posibilidades más elevadas y consiguientemente una ruina del humanismo, cuyas consecuencias no podrían ser más graves".
"Lo que es la base de la cultura de Europa, la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle, sigue siendo aún hoy el fundamento de toda verdadera cultura", concluyó.
Giovanni Maria Vian, director de "L'Osservatore Romano", explica que Benedicto XVI, al presentar esta alianza entre razón y fe, particularmente en la comprensión de las Sagradas Escrituras, supera las "interpretaciones de carácter fundamentalista", así como "los subjetivismos arbitrarios".
Por su parte, el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, considera que "la contribución nueva de este gran discurso está en el análisis del papel de la búsqueda de Dios en la formación de la gran cultura unificadora de nuestro continente en los siglos de la Edad Media".
Puede leerse el discurso de Benedicto XVI al mundo de la cultura en http://www.zenit.org/article-28410?l=spanish
El motu proprio sobre el rito extraordinario en latín busca la unidad
LOURDES, domingo, 14 septiembre 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI aclaró este domingo en su discurso a los obispos de Francia que la finalidad de la publicacioń del motu proprio Summorum Pontificum es asegurar la unidad en la Iglesia, pues en ella "nadie está de más".
El pontífice afrontó el argumento, en el día en que se celebraba exactamente un año de la aplicación de ese documento, con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en sus palabras a los prelados reunidos en el hemiciclo de "Santa Bernardette", en Lourdes.
El Santo Padre recordó que ese documento busca precisar "la posibilidad de utilizar tanto el misal del Beato Juan XXIII (1962) como el del Papa Pablo VI (1970)".
"Ya se han dejado ver los frutos de estas nuevas disposiciones, y espero el necesario apaciguamiento de los espíritus que, gracias a Dios, se está produciendo", consideró.
Al mismo tiempo, reconoció, "tengo en cuenta las dificultades que encontráis, pero no me cabe la menor duda de que podéis llegar, en un tiempo razonable, a soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica inconsútil de Cristo no se desgarre todavía más".
Explicando el espíritu que le movió a la redacción del texto, el Santo Padre aclaró: "Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella 'como en su casa', y nunca rechazados".
"Dios, que ama a todos los hombres y no quiere que ninguno se pierda, nos confía esta misión haciéndonos Pastores de su grey. Sólo nos queda darle gracias por el honor y la confianza que Él nos otorga. Por tanto, esforcémonos por ser siempre servidores de la unidad", concluyó.
El pontífice afrontó el argumento, en el día en que se celebraba exactamente un año de la aplicación de ese documento, con motivo de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, en sus palabras a los prelados reunidos en el hemiciclo de "Santa Bernardette", en Lourdes.
El Santo Padre recordó que ese documento busca precisar "la posibilidad de utilizar tanto el misal del Beato Juan XXIII (1962) como el del Papa Pablo VI (1970)".
"Ya se han dejado ver los frutos de estas nuevas disposiciones, y espero el necesario apaciguamiento de los espíritus que, gracias a Dios, se está produciendo", consideró.
Al mismo tiempo, reconoció, "tengo en cuenta las dificultades que encontráis, pero no me cabe la menor duda de que podéis llegar, en un tiempo razonable, a soluciones satisfactorias para todos, para que la túnica inconsútil de Cristo no se desgarre todavía más".
Explicando el espíritu que le movió a la redacción del texto, el Santo Padre aclaró: "Nadie está de más en la Iglesia. Todos, sin excepción, han de poder sentirse en ella 'como en su casa', y nunca rechazados".
"Dios, que ama a todos los hombres y no quiere que ninguno se pierda, nos confía esta misión haciéndonos Pastores de su grey. Sólo nos queda darle gracias por el honor y la confianza que Él nos otorga. Por tanto, esforcémonos por ser siempre servidores de la unidad", concluyó.
lunes, 8 de septiembre de 2008
El Papa alienta a los jóvenes a descubrir a Dios para encontrar verdadera libertad
VATICANO, 08 Sep. 08 (ACI).-El Papa Benedicto XVI recordó a los jóvenes que al descubrir "a Dios como sentido y fundamento de toda criatura", ya no tendrán "miedo de perder vuestra libertad, porque la viviréis en plenitud, entregándola por amor".En el encuentro que sostuvo con los jóvenes de la isla de Cerdeña, durante su visita pastoral a la localidad italiana de Cagliari, el Pontífice les ofreció un programa de vida basado en el valor de la familia, la formación moral e intelectual, y la fe, como respuesta al consumismo e individualismo que caracterizan al mundo actual.Tras reconocer que los jóvenes son el "futuro lleno de esperanza de esta región", el Pontífice reconoció que deben enfrentar dificultades y problemas como "la plaga del desempleo y de la precariedad del trabajo que ponen en peligro vuestros proyectos, la emigración y el éxodo de las fuerzas mas frescas y decididas, con la consecuente pérdida de raíces que a veces lleva aparejados daños psicológicos y morales antes que sociales"."Y ¿qué decir del hecho de que en la sociedad actual de consumo las ganancias y el éxito se hayan convertido en nuevos ídolos ante los que se postran tantos? Así las personas se sienten llevadas a dar valor sólo a los que, como se dice, 'han hecho fortuna' o son 'famosos', y no a los que deben combatir con la vida fatigosamente día a día", indicó.Según el Papa, "se corre el peligro de ser superficiales, de seguir atajos peligrosos en pos del éxito, buscando en la vida experiencias que suscitan satisfacciones inmediatas, pero de por sí son precarias y engañosas. Crece la tendencia al individualismo y cuando uno se concentra sólo sobre sí mismo, se vuelve frágil forzosamente; falta la paciencia para escuchar, fase indispensable para entender al otro y trabajar juntos".Benedicto XVI recordó los valores reafirmados por Juan Pablo II durante su visita a Cerdeña hace 23 años.Primero citó "el valor de la familia que hay que custodiar como una herencia antigua y sacra". En el pasado la sociedad tradicional ayudaba más a formar y custodiar una familia. Hoy se admiten otras formas de convivencia y a veces se usa el término familia para uniones que en realidad no son familia"."Reapropiaros queridos jóvenes del valor de la familia, amadla no solamente por tradición sino por una decisión madura y consciente" y recordó que el Concilio Vaticano II llama a la familia "pequeña Iglesia, porque el matrimonio es un sacramento, es decir, un signo santo y eficaz del amor que Dios nos da en Cristo a través de la Iglesia", indicó.El segundo valor es "la formación intelectual y moral". Recordó que "la crisis de una sociedad comienza cuando no sabe transmitir su patrimonio cultural y sus valores fundamentales a las nuevas generaciones. No me refiero solo al sistema escolástico. La cuestión es más amplia. Jesús dijo: 'La Verdad os hará libres'. El nihilismo moderno predica en cambio lo opuesto, que es la libertad la que os hará verdaderos. Incluso algunos sostienen que no existe ninguna verdad, abriendo así el camino al vaciado de los conceptos de bien y mal, llegando a hacerlos intercambiables". "La fe sincera y profunda" es el tercer valor. "Cuando se pierde el sentido de la presencia y de la realidad de Dios todo se achata y se reduce a una dimensión única, todo se queda en lo material. Desaparece el misterio de todo lo que existe: las cosas y las personas interesan en la medida en que satisfacen nuestros intereses y no por sí mismas", explicó. El Pontífice advirtió que esto constituye un dato cultural que se respira desde que se nace y que produce efectos interiores permanentes. La fe, en este sentido, antes de ser una creencia religiosa, es una forma de ver la realidad, un modo de pensar, una sensibilidad interior que enriquece nuestro ser humano como tal. Estando con Jesús, frecuentándolo como un amigo en el Evangelio y en los Sacramentos, aprendéis de forma nueva lo que la sociedad a menudo no os puede dar: el sentido religioso". Ante estos retos, el Papa pidió a los jóvenes descubrir a Dios y así "no tendréis entonces miedo de perder vuestra libertad, porque la viviréis en plenitud, entregándola por amor. No estaréis apegados a los bienes materiales porque sentiréis la alegría de compartirlos. No estaréis tristes de la tristeza del mundo, sino que sentiréis dolor por el mal y alegría por el bien, sobre todo por la misericordia y el perdón. Si descubrís realmente a Dios en el rostro de Cristo ya no pensaréis en la Iglesia como en una institución externa a vosotros, sino como a vuestra familia espiritual".Al finalizar el encuentro con los jóvenes, Benedicto XVI se trasladó al aeropuerto de Cagliari, donde a las 19:30 horas emprendió el regreso a Roma y desde allí se desplazó a la residencia de Castelgandolfo.
domingo, 7 de septiembre de 2008
Dones de María también son para nosotros, explica el Papa
VATICANO, 07 Sep. 08 (ACI).-Tras haber celebrado la Santa Misa en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, el Papa Benedicto XVI rezó el Ángelus dominical con todos los presentes, y en sus palabras introductorias recordó que todo don recibido por la Madre María por parte de Dios, es un don que nos es dado también a cada uno de nosotros."Siguiendo los pasos de los Papas que me han precedido, también yo he escogido el Santuario de Bonaria para realizar una visita pastoral que quiere abrazar en modo ideal a la totalidad de la Cerdeña", dijo el Papa tras haber realizado un recorrido histórico recordando aquellos momentos en que sus predecesores se encontraron también en Cerdeña.El Pontífice pidió también que "el patrimonio de los valores evangélicos sea transmitido íntegramente a las nuevas generaciones" y que "Cristo reine en las familias, en las comunidades y en los varios ámbitos de la sociedad".Más adelante hizo un pedido a la Virgen María para que esta "proteja a cuantos más necesitan de su maternal intercesión: a los niños y jóvenes, a los ancianos y a las familias, a los enfermos y a todos aquellos que pasan por momentos de sufrimiento"."Conscientes del importante rol que María tiene en la existencia de cada uno de nosotros, hoy cuales hijos devotos festejamos su nacimiento. Este evento –continúo– constituye una etapa fundamental para la Familia de Nazaret, cuna de nuestra redención; un evento que tiene que ver con todos nosotros, porque todo don que Dios le concedió a la Madre, lo concedió pensando también en nosotros, sus hijos".Asimismo el Papa elevó una oración a la Virgen por todas las madres terrenas: "aquellas que, junto al marido, educan a los hijos en un contexto familiar armonioso, y aquellas que, por tantos motivos, se encuentran solas afrontando tan ardua tarea. Que todas puedan realizar con dedicación y fidelidad su cotidiano servicio en la familia, en la Iglesia y en la sociedad".Tras el rezo del Ángelus el Papa impartió su Bendición Apostólica.
Que María aliente evangelización a familias, exhorta el Papa
VATICANO, 07 Sep. 08 (ACI).-Esta mañana el Papa Benedicto XVI viajó a Cagliari, capital de Cerdeña, Italia, donde celebró la Santa Eucaristía ante miles de fieles que se dieron cita en la Basílica y Santuario de Nuestra Señora de Bonaria. En su homilía recordó la importancia de la Virgen María y su ser totalmente adherido a Cristo. Alentó asimismo a que urgente trabajo evangelizador cotidiano se vea iluminado por su ejemplo."El espectáculo más hermoso que un pueblo puede ofrecer es sin lugar a duda el de la propia fe", fueron las palabras con las que el Papa inició su homilía. "Junto al estupendo paisaje de la naturaleza que nos rodea, vosotros me ofrecéis aquella ferviente devoción que nutrís por la Virgen Santísima. ¡Gracias por este hermoso testimonio!"El Santo Padre hizo notar que "el ser de María se relaciona totalmente al de Cristo, en particular en su encarnación… la belleza del designio de Dios se manifiesta en como respetando lo humano lo fecunda desde su interior, haciendo brotar de la humilde Virgen de Nazaret el fruto más bello de su obra creadora y redentora".Asimismo se detuvo en la figura de San José, "su drama interior, su fe robusta y ejemplar rectitud. Detrás de sus pensamientos y sus deliberaciones está presente el amor por Dios y la decidida voluntad de obedecerlo. ¿Cómo no darnos cuenta que la turbación y por lo tanto la oración y la decisión de José se mueven por la estima y por el amor hacia su esposa prometida?" "La belleza de Dios y la belleza de María son inseparables para el corazón de José; sabe que entre ellas no hay contradicción; busca en Dios la respuesta y la encuentra en la luz de la Palabra y del Espíritu Santo", precisó.Seguidamente el Papa dirigió unas palabras a los sardos, recordando que "el cristianismo no llegó con las espadas de los conquistadores o por imposición extranjera sino que brotó gracias a la sangre de los mártires que donaron su vida como acto de amor hacia Dios y hacia los hombres. Cerdeña nunca fue tierra de herejías; su pueblo siempre manifestó filial fidelidad a Cristo y a la Sede de Pedro. Así es queridos amigos, no obstante todas las invasiones y dominaciones, la fe en Cristo permaneció en el alma de vuestras poblaciones como elemento constitutivo de vuestra misma identidad sarda"."Vuestra Isla queridos amigos de Cerdeña –prosiguió Benedicto XVI– no podía tener otra protectora sino la Virgen Maria. Ella es la Mamá, la Hija y la Esposa por excelencia. La Mamá que ama, protege, aconseja, consuela, da la vida para que esta nazca y perdure. La Hija que honora a su familia, siempre atenta a las necesidades de los hermanos y hermanas, solícita en hacer de su casa un lugar hermoso y acogedor. La Esposa capaz de amor fiel y paciente, de sacrificio y de esperanza"."Que María os ayude a llevar a Cristo a las familias, pequeñas iglesias domésticas y células de la sociedad, hoy más que nunca necesitadas de confianza y apoyo tanto en el plano espiritual y el social. Os ayude a encontrar las oportunas estrategias pastorales para hacer que Cristo sea encontrado por los jóvenes, portadores por su naturaleza de una nueva fuerza, y sin embargo frecuentemente víctimas del nihilismo tan difundido, sedientos de verdad y de ideales. Os haga capaces de evangelizar el mundo del trabajo, de la economía, de la política, que necesita de una nueva generación de laicos cristianos comprometidos, capaces de buscar con competencia y rigor moral soluciones de desarrollo sostenible".El Papa concluyó su homilía recordando que "María es puerto, refugio y protección para el pueblo sardo que tienen en sí la fuerza del roble. Pasan las tormentas y el roble resiste; asedian los incendios y esta brota nuevamente; sobrevive a la sequedad y vence una vez más".
jueves, 4 de septiembre de 2008
Conversión es encuentro con Cristo que no se explica con psicología, dice el Papa
VATICANO, 03 Sep. 08 (ACI).-El Papa Benedicto XVI señaló en la Audiencia General de hoy que el Cristianismo no es una nueva filosofía ni una nueva moral; y que la conversión del cristiano solo puede explicarse en el encuentro de la persona concreta con Jesucristo; y no a través de categorías psicológicas.En el Aula Pablo VI del Vaticano, el Santo Padre dedicó la audiencia de hoy a la conversión del Apóstol de Gentes y explicó que el Cristianismo "no es una nueva filosofía, una nueva moral; solo somos cristianos si encontramos a Cristo" como lo hizo San Pablo.El Pontífice comentó luego que al referirse al hecho que marcó su vida camino a Damasco, "San Pablo no designó sin embargo este evento como una conversión. ¿Por qué? Existen muchas hipótesis, pero creo que el motivo es muy claro: esta transformación de su vida no fue fruto de un proceso psicológico, de una maduración o una evolución intelectual y moral sino fruto del encuentro con Cristo Jesús"."Esta renovación de Pablo no se puede explicar de otro modo; los análisis psicológicos no pueden aclarar y resolver el problema; solo el evento, el encuentro fuerte con Cristo, es la clave para entender qué sucedió", precisó el Papa.Para entender lo que sucedió con el Apóstol mientras se dirigía a Damasco, "tenemos dos tipos de fuentes", explicó Benedicto XVI. "La primera y más popular son los tres relatos de San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los que narra lo acaecido". Sin embargo, precisó, los detalles a los que hace referencia el evangelista: la luz del cielo, la caída a tierra, la ceguera, "se refieren al centro del acontecimiento: Cristo Resucitado aparece como una luz espléndida que habla a Saulo, transforma su pensamiento, su misma vida". "El centro de la narración de San Lucas es este encuentro con Cristo que cambió profundamente la vida de San Pablo y en este sentido se puede y se debe hablar realmente de una conversión".Benedicto XVI afirmó que "el segundo tipo de fuente son las mismas cartas de San Pablo", que "nunca habló sobre los detalles de este evento, porque quizá pensaba que todos conocían su historia esencial, todos sabían que se había transformado de perseguidor en Apóstol ferviente de Cristo, fruto no de una propia reflexión, sino de un evento fuerte, un encuentro con el Resucitado".El Papa dijo luego que en algunos de sus escritos, el Apóstol relata "que la aparición del Resucitado –de la que también él es un verdadero testigo– es el fundamento de su apostolado" y de "su nueva vida". Dirigiéndose a los miles de peregrinos presentes en el Aula Pablo VI, Benedicto XVI señaló además que aunque Cristo "no se muestre a nosotros de ese modo irresistible y luminoso como a Pablo para hacerlo apóstol de todas las gentes", también podemos encontrarlo "en la lectura de la Sagrada Escritura, en la oración, en la vida litúrgica de la Iglesia, tocar el corazón de Cristo y sentir que Cristo toca nuestro corazón. Y solo en esta relación personal con Cristo, solo en este encuentro con el Resucitado, somos realmente cristianos".
domingo, 31 de agosto de 2008
La cruz no es facultativa sino una misión que debe abrazarse con amor, dice el Papa
VATICANO, 31 Ago. 08 / 06:10 am (ACI).- Este medio día miles de fieles y peregrinos se dieron cita en Castelgandolfo para rezar el Ángelus dominical con el Papa Benedicto XVI, quien en sus palabras introductorias a la oración mariana recordó que ante el mal, la única respuesta es la fuerza del amor que vence al odio por lo que para todo cristiano llevar la Cruz no es algo facultativo sino una misión que debe ser abrazada con amor.
El Pontífice meditó sobre el Evangelio de hoy dirigiéndose a la figura del Apóstol Pedro, quien “mientras el domingo pasado admiramos por su sincera fe en Jesús, proclamado Mesías e Hijo de Dios, esta vez muestra una fe aún inmadura y demasiado apegada a la ‘mentalidad de este mundo’”.
“Es evidente que el Maestro y el discípulo siguen dos modos de pensar opuestos. Pedro, según una lógica humana, está convencido que Dios no permitiría nunca que su Hijo termine su misión muriendo en la cruz. Jesús, por el contrario, sabe que el Padre, en su inmenso amor por los hombres, lo ha enviado a dar la vida por ellos, y que si esto implica la pasión y la cruz, es justo que así sea”, precisó el Papa.
Asimismo, el Santo Padre hizo notar que Jesús “sabe que la última palabra será la resurrección. La protesta de Pedro, si bien es pronunciada de buena fe y por sincero amor hacia el Maestro, es vista por Jesús como una tentación, una invitación a salvarse a sí mismo, cuando solamente perdiendo su vida podrá recibir la nueva y eterna vida para todos nosotros”.
Continuando con su meditación, Benedicto XVI recordó que “si para salvarnos, el Hijo de Dios ha tenido que sufrir y morir crucificado, no es ciertamente por un cruel designio del Padre celeste” sino que se debe a la “gravedad de la enfermedad de la que nos tenía que curar: un mal tan serio y mortal al punto de exigir toda su sangre”.
“En efecto –prosiguió– es con su muerte y resurrección que Jesús ha vencido al pecado y a la muerte restableciendo la señoría de Dios. Pero la lucha no ha terminado: el mal existe y resiste todas las generaciones hasta nuestros días. ¿Qué son los horrores de la guerra, la violencia contra los inocentes, la miseria y la injusticia con los débiles, sino la oposición del mal al reino de Dios? ¿Y cómo responder a tanta maldad si no es con la fuerza desarmada del amor que vence el odio, de la vida que no teme la muerte?”
Más adelante el Papa destacó que para cumplir la obra de salvación el Redentor llama a hombres y mujeres a tomar la cruz y seguirlo y que “para los cristianos el llevar la cruz no es algo facultativo, sino una misión que debe ser abrazada por amor. Cristo no cesa de proponer a todos una clara invitación: quien quiere ser mi discípulo, que renuncie al propio egoísmo y lleve conmigo la cruz”.
Seguidamente, el Santo Padre rezó el Ángelus, saludó a los presentes en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica.
El Pontífice meditó sobre el Evangelio de hoy dirigiéndose a la figura del Apóstol Pedro, quien “mientras el domingo pasado admiramos por su sincera fe en Jesús, proclamado Mesías e Hijo de Dios, esta vez muestra una fe aún inmadura y demasiado apegada a la ‘mentalidad de este mundo’”.
“Es evidente que el Maestro y el discípulo siguen dos modos de pensar opuestos. Pedro, según una lógica humana, está convencido que Dios no permitiría nunca que su Hijo termine su misión muriendo en la cruz. Jesús, por el contrario, sabe que el Padre, en su inmenso amor por los hombres, lo ha enviado a dar la vida por ellos, y que si esto implica la pasión y la cruz, es justo que así sea”, precisó el Papa.
Asimismo, el Santo Padre hizo notar que Jesús “sabe que la última palabra será la resurrección. La protesta de Pedro, si bien es pronunciada de buena fe y por sincero amor hacia el Maestro, es vista por Jesús como una tentación, una invitación a salvarse a sí mismo, cuando solamente perdiendo su vida podrá recibir la nueva y eterna vida para todos nosotros”.
Continuando con su meditación, Benedicto XVI recordó que “si para salvarnos, el Hijo de Dios ha tenido que sufrir y morir crucificado, no es ciertamente por un cruel designio del Padre celeste” sino que se debe a la “gravedad de la enfermedad de la que nos tenía que curar: un mal tan serio y mortal al punto de exigir toda su sangre”.
“En efecto –prosiguió– es con su muerte y resurrección que Jesús ha vencido al pecado y a la muerte restableciendo la señoría de Dios. Pero la lucha no ha terminado: el mal existe y resiste todas las generaciones hasta nuestros días. ¿Qué son los horrores de la guerra, la violencia contra los inocentes, la miseria y la injusticia con los débiles, sino la oposición del mal al reino de Dios? ¿Y cómo responder a tanta maldad si no es con la fuerza desarmada del amor que vence el odio, de la vida que no teme la muerte?”
Más adelante el Papa destacó que para cumplir la obra de salvación el Redentor llama a hombres y mujeres a tomar la cruz y seguirlo y que “para los cristianos el llevar la cruz no es algo facultativo, sino una misión que debe ser abrazada por amor. Cristo no cesa de proponer a todos una clara invitación: quien quiere ser mi discípulo, que renuncie al propio egoísmo y lleve conmigo la cruz”.
Seguidamente, el Santo Padre rezó el Ángelus, saludó a los presentes en diversos idiomas e impartió su Bendición Apostólica.
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